Lee el texto y responde de la pregunta 77 a
la 80.
Los agujeros negros, realidad o ficción
El Universo, con su oscuridad e inmensidad,
guarda aún muchos misterios para el hombre,
a pesar de que la investigación científica en
este campo ha sido constante y apasionada,
con el fin de conocer lo que hay más allá de
nuestro mundo.
Los agujeros negros entran en esta diversidad
de cuerpos siderales que habitan el espacio
infinito, que lo forman y lo caracterizan. Mucho
se ha estudiado y conjeturado sobre ellos;
algunos piensan que son producto de la
ciencia-ficción y que sólo tienen cabida en las
películas y relatos fantásticos.
La realidad es otra muy diferente. El término
agujero negro fue acuñado en 1967 por el
físico estadounidense John Wheeler, pero el
primero en tratar de explicarlos y describirlos
fue John Mitchell en 1783, cuando habla de la
atracción gravitacional que ejerce cualquier
cuerpo celeste sobre los objetos, en especial la
luz, bajo las leyes físicas de Newton.
Sin embargo, es hasta la aparición de la Teoría
General de la Relatividad de Albert Einstein
que se pudo dar una definición convincente de
este fenómeno. Dicha teoría establece que una
estrella, en la parte final de su existencia,
altamente masiva y compacta tiene un campo
gravitatorio tan intenso que la luz no puede
escapar. Tomando en cuenta que nada viaja
más rápido que la luz, entonces de los
agujeros negros no escapa ningún tipo de
partículas u ondas.
En 1967, Wernel Israel, científico canadiense,
demostró que los agujeros negros sin rotación
son perfectamente esféricos, y su tamaño
depende únicamente de la masa. Por su parte,
Roy Kerr descubrió matemáticamente que
aquellos hoyos negros con rotación constante
se deforman hacia los lados cerca de su
ecuador o se achatan en los polos (como la
forma de la Tierra); cuanto más rápido giran,
más se deforman.
Pero, ¿cómo se puede comprobar su
existencia y forma, si no se pueden ver y no
emiten ningún tipo de señales luminosas o
radiales? Los agujeros negros han ido
conformando toda una teoría basada en la
matemática; sin embargo, hay que recordar
que estos cuerpos siguen ejerciendo una
fuerza gravitatoria sobre los cuerpos cercanos,
por tanto, aspiran la materia de planetas y
estrellas vecinos. El ejemplo más claro está en
el sistema llamado Cygnus X-1, ubicado en la
constelación de Cisne, en el cual se aprecia un
efecto parecido al que se da cuando el agua o
cualquier líquido se escapa en remolinos por
un orificio o coladera.
Aunque el avance en el estudio de los agujeros
negros ha sido gigante en las últimas décadas,
falta por resolver, entre otros puntos: ¿qué hay
detrás de estos habitantes siderales?, ¿a
dónde conducen? Al respecto, algunos
astrónomos, entre ellos Carl Sagan, han
establecido la posibilidad de que los hoyos
negros sean túneles que conduzcan a otros
sistemas solares, galaxias o universos de esta
época u otra, anterior o futura.
Es difícil saber si tal hipótesis es cierta o falsa;
lo sabremos algún día cuando nuestro avance
tecnológico nos permita estudiar más directa y
cercanamente las hendiduras espaciales.
77. Según EL SENTIDO GLOBAL DEL
TEXTO, los avances en las
investigaciones de los agujeros
negros han sido