Lee el texto y responde de la pregunta 77 a
la 79.
Los colores del cielo
¿Quién no se ha maravillado alguna o muchas
veces al contemplar un amanecer o atardecer
con esos tonos rojizos o anaranjados con los
que se tiñe el cielo? Pero, ¿por qué naranja?,
¿por qué el cielo es azul en el día y oscuro en
la noche?
La tonalidad del cielo no es más que el
resultado de la interacción entre la luz
procedente del Sol y la atmósfera; en ella
pueden aparecer fenómenos cromáticos muy
variados e interesantes.
En su mayor parte, la atmósfera terrestre es
una mezcla de moléculas gaseosas, en la que
también hay partículas de polvo, cristales de
hielo, cenizas, etc. Si la Tierra no tuviera
atmósfera, la luz solar llegaría a nuestros ojos
directamente desde el disco solar y el cielo
diurno aparecería tan negro como el nocturno,
tal como ocurre en Mercurio y la Luna, o como
observan los astronautas desde el espacio
exterior las estrellas y los planetas, debido a
que están fuera de la atmósfera y no reciben
luz difusa.
Los planetas que tienen atmósfera provocan
una coloración en sus cielos. Por ejemplo,
observamos a Venus y Marte con un tono
rojizo, porque sus atmósferas están
compuestas principalmente por bióxido de
carbono; en cambio, el cielo de Neptuno es
verdoso por el metano de su atmósfera.
La luz es energía que se transmite tanto como
partícula como onda electromagnética, y viaja
en el vacío o a través de un medio material
transparente como el agua, el aire o el vidrio.
Así, nuestros ojos pueden ver sólo un rango de
longitudes de onda (los colores), desde el rojo
(longitud más larga), pasando por el
anaranjado, amarillo, verde y azul hasta el
violeta (longitud más corta). Es decir, que a
menor longitud de onda, el color estará más
cerca del violeta, y a mayor longitud de onda
más se aproximará al rojo. El naranja y el rojo
no sufren dispersión. Es por esto que cuanto
más pequeña es la longitud de onda, más
dispersión tiene la luz, y el color que más se
desvía es el violeta seguido por el azul. Por lo
tanto, cuando el Sol está más cerca del
horizonte, el color que percibimos es rojizo o
anaranjado, debido a que la luz solar atraviesa
un mayor espesor de atmósfera. En el ocaso el
color del sol va cambiando de amarillo a
anaranjado y luego a rojo; esto sucede porque
la luz se va dispersando cada vez más en una
porción mayor de atmósfera en longitudes de
onda más cortas como el violeta y el azul, y
sólo pasan sin desviarse las longitudes de
onda más largas como el naranja y el rojo.
Con todo lo anterior se puede afirmar que la
belleza del cielo depende, en gran medida de
los fenómenos cromáticos generados por la
atmósfera; ésta los convierte en arco iris,
coronas solares, auroras boreales y muchos
otros más raros, pero no menos bellos y
disfrutables.
José Ramón Hernández Balanzar
Lee el texto y contesta la siguiente
pregunta.
Mercurio y la Luna se parecen en que